Leila Guerriero sobre escribir

Son las 6:21 pm y voy tarde a la charla de la Guerriero en el Centro Cultural Chacao. La última paciente del día se ha extendido un poco, pero Caracas se apiada de mí y me permite cruzar de El Bosque a El Rosal en menos de veinte minutos. Los vigilantes me dirigen a La Viga, esa sala extraña en las entrañas del complejo. Bajando los últimos escalones, me cruzo con un tuitero prominente, de punta en blanco, sonriente, pero de salida: la sala está repleta, y pienso -para mis adentros- que no es de esas personas que se instala en el bululú. Yo, en cambio, decido insistir. 

Ya en el pasillo final, la guía me indica que la sala es pequeña y que está llena pero que me dejará pasar si prometo ubicarme lejos de los cables de audio. Entro los más discretamente posible y me siento en el piso de espaldas a misma pared que Leila. Estoy justo al lado de la moderadora de la noche, Lisa López, prácticamente a sus pies. No veo a Leila, pero veo lo que ella ve: la audiencia, unas cien personas acomodadas entre las sillas dispuestas en filas y el piso, todas con la piel del rostro brillando por la falta de aire acondicionado. Reconozco muchas caras: amigos, casi todos periodistas, otros gente del mundo de las letras, gente creativa. Pienso: estamos sedientos de aprender a contar nuestra historias. Apenas me siento, Leila dice “el lugar del cronista es el del que siempre llega tarde”. Llegué a buena hora. 

La periodista argentina y cronista Leila Guerriero está en Caracas invitada por la Embajada de Argentina para dictar una serie de talleres en la ciudad. Su acento argentino es grueso, su verbo es tajante, impecable. Me asomo a verla: es una mujer delgada, de tez bronceada. La intuyo de cierta estatura aunque no logro precisarlo pues encorva la espalda, cruza las piernas y apoya los brazos sobre ellas, mientras gesticula al hablar. Su cabello parece indomable

La escucho sin verla. Responde preguntas sobre su experiencia como cronista, la mayoría de estudiantes o periodistas jóvenes cuyas voces quebradizas delatan sus nervios. Cuando le preguntan sobre su proceso para escribir, afino la escucha: cuenta cómo toma ideas de lugares variados como revistas que compra en el quiosco de su barrio y se deja llevar por aquello que le llama la atención. Dedica horas, días, semanas a investigar, entrevistar, obtener toda la información que necesita para finalmente preguntarse: ¿Cómo comienza?, frase que llama “una especie de mantra tonto” que se repite una y otra vez hasta que lo tiene claro. “A veces, llega cuando acabo de despertarme, ese momento del día que es como un limbo”, dice refiriéndose al instante en el que encuentra el hilo para comenzar a tejer la historia. “La confusión ayuda”, agrega citando a un amigo. Más adelante, cuando surge una pregunta sobre si la atacan las dudas, comparte: “tengo que hacer el esfuerzo de recordar cómo empezó cada nota, decirme: `Leila, recuerda que en algún momento ésto pareció una buena idea´ y tener fe en la potencia de lo que hago”. 

Cuando la interrogan acerca de la inspiración, Leila enfatiza sobre la necesidad de trabajar, de no depender de la llegada de la musa: “de todo lo que he escrito, si te dijera que 15 artículos los he escrito en ese estado de iluminación estaría exagerando”. Sin embargo, comparte que cuando llega allí, a ese estado de inspiración reconoce que es “un estado de goce, que nada más lo provoca, excepto el amor. Y tampoco es muy bueno escribir así”. Y la sala se ríe. Leila tiene también un sentido del humor mordaz y un timing particular.

Leila fue generosa: compartió con la audiencia desde sus rutinas para escribir hasta sus escritores preferidos. “Ninguna persona que quiera escribir puede no leer poesía. La poesía te enseña economía de recursos, musicalidad…”, dice mientras habla de sus poetas preferidos. Nicanor Parra, Pavese, Idea Vilariño quedaron resonando. También John Irving, David Foster Wallace y Lorrie Moore entre los escritores de ficción. 

Termina la charla. Aplausos y me encuentro rápidamente asfixiada por una masa desesperada por acercarse a ella. Me escabullo como puedo, aún pensando en la necesidad de aprender a contar nuestra historias. Sobre eso Leila dijo: ” más que la curiosidad, la memoria es un valor que no le está importando a nadie”. 

Dos citas de Walter Benjamin sobre la historia

"Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer."

"-El asombro ante el hecho de que las cosas que vivimos sean "aún" posibles en el siglo veinte no tiene nada de filosófico. No está al comienzo de ningún conocimiento, a no ser el de que la idea de la historia de la cual proviene ya no puede sostenerse."

En “Sobre el concepto de historia, ” VI y VIII.

Susan Sontag sobre el silencio

"El silencio es una metáfora para una visión limpia, que no interfiere, apropiada para obras de arte que son imposibles antes de ser vistas y cuya integridad esencial no puede ser violada por el escrutinio humano. El espectador debería abordar el arte como aborda un paisaje. Éste no le exige al espectador "comprensión", ni adjudicaciones de trascendencia, ni ansiedades y simpatías: lo que reclama, más bien, es su ausencia y le pide que no agregue nada a él, al paisaje. En términos estrictos, la contemplación hace que el espectador se olvide de sí mismo: el objeto digno de contemplación es aquel que, en la práctica, aniquila al sujeto perceptor."

La estética del silencio (1969). Susan Sontag, en “Estilos radicales”, p. 33.

El instante visto: Bram van Velde

"El mundo en el que vivimos nos aplasta. Siempre está regido por las mismas leyes. Hay que crear imágenes que no le pertenezcan."

En “El arte de vivir en peligro. Del desamparo a la creación”, de Sylvie Le Poulichet, p. 24.

Una posible definición de resiliencia desde el psicoanálisis:

"Desde el punto de vista psicoanalítico definimos la resiliencia como una metamorfosis subjetiva producto de la activación de un potencial que implica funcionar en proceso terciario, es decir con la fluidez libidinal necesaria para la creación de condiciones psíquicas nuevas que capturen y transformen el efecto traumático permitiendo desarrollar recursos nuevos, con la imprescindible existencia de vínculos intersubjetivos."

De nuevo Zukerfed & Zukerfeld

Los Zukerfeld sobre la creatividad y el desarrollo resiliente:

"Pensamos que de distintos modos y con diferentes énfasis los clínicos y los investigadores están describiendo un funcionamiento psíquico donde lo traumático es procesable dando lugar a transformaciones que no pueden reducirse ni a “procesos primarios” ni a “procesos secundarios” en el sentido freudiano clásico. Anteriormente planteamos el valor metapsicológico de retomar y reformular la noción de “procesos ter- ciarios” introducida por André Green en la década del 70. Es esta noción la que alude a la implicación de procesos primarios y secundarios como lo que subyace a lo que nosotros llamamos potencial inconsciente hermenéutico base de la creatividad. La creatividad –que puede entenderse como individual– es propia de la riqueza fantasmática que permite representar, expresar, soñar, hacer transferencias y síntomas. Es el requisi- to de la posibilidad de creación y a su vez solo es posible si existió un vínculo con el objeto. Pero la crea- ción es el producto de la activación de un segundo potencial inconsciente que denominamos heurístico que solo puede activarse en el vínculo con la presencia del otro. La creación de lo nuevo –de acuerdo al matiz diferencial que planteamos– es en realidad una construcción colectiva en el sentido de otro a quien decir, con quién construir un relato y /o realizar una acción transformadora. Esto constituye desde un punto de vista metapsicológico la posibilidad de un desarrollo resiliente. Todos activamos potenciales inconscientes hermenéuticos en nuestra cotidianeidad comunicacional y en nuestra introspección, pero cuando quedamos inmersos en lo inefable necesitamos activar el potencial heurístico universal a través del vínculo intersubjetivo."

Sobre el Desarrollo Resiliente: Perspectiva Psicoanalítica

Raquel y Rubén Zukerfeld